• Martes, 14 Noviembre 2017
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Si el meteorito no hubiera caído en Yucatán, quizá todavía habría dinosaurios

El impacto del meteorito que provocó la extinción de los dinosaurios sucedió en uno de los pocos lugares de la Tierra donde el combustible era ideal para explosiones catastróficas.

No, a pesar de todo lo que has visto en Hollywood, los humanos nunca compartimos tiempo y espacio con los dinosaurios. Ellos estuvieron en la tierra durante 160 millones de años y el meteorito que los extinguió cayó hace 66 millones de años en la Península de Yucatán, México.

El hoyo que dejó el impacto, también llamado cráter de Chicxulub, fue el inicio de lo que hoy conocemos como casa de los humanos. Pero ¿qué hubiera pasado con la evolución de los primeros microorganismos, mamíferos y humanos, si el asteroide que se estrelló con la Tierra no hubiera caído en la punta sur de México?

Justo esa fue la pregunta que se hicieron Kunio Kaiho y Naga Oshima, dos investigadores del departamento de las Ciencias de la Tierra de la Universidad de Tohoku, Japón, que estudian la teoría evolutiva a través de la geoquímica orgánica, micropaleontología y los impactos del cambio climático en las eras de la Tierra.

La investigación publicada en la revista Scientific Reports, afirma que de haber sucedido el impacto en otro lugar, como el océano o en otros dos continentes, es muy probable que los dinosaurios hubieran podido sobrevivir, pues sólo el 13 por ciento de la Tierra, en aquel momento, tenía los elementos necesarios para que el impacto fuera un suceso catastrófico de extinción masiva. Pura mala suerte.

El estudio afirma que al impactarse el cráter de nueve kilómetros, este lo hizo contra una fuente rica en azufre y otros hidrocarburos, lo que provocó altas temperaturas y, a su vez, una explosión tan fuerte que el hollín y sulfuro que se propagaron por la estratósfera alcanzó para bloquear el sol y cambiar el clima del planeta, lo que dio paso al colapso de ecosistemas completos y la extinción de tres cuartas partes de todas las especies sobre el planeta. 

Y es así como esos 350 teragramos de carbón negro (algo así como 150 veces un estadio de fútbol lleno) terminaron con los dinosaurios que tuvieron que lidiar con oscuridad y bajas temperaturas.

Aunque otro grupo de investigadores ha cuestionado los estudios de Kunio Kaiho, la teoría se sostiene en la muestra de que no todos los sitios del planeta tienen la misma cantidad de combustible fósil en su subsuelo, así que si el meteorito hubiera impactado en otro sitio, la extinción no habría sucedido.

Kaiho creó un mapa de cómo se veía la superficie del mundo hace 66 millones de años y calculó la distribución global de los hidrocarburos en ese momento. Junto a Naga Oshima, crearon un simulador de impactos que expulsó distintas cantidades de hollín según sus mediciones. El 87 por ciento de la superficie terrestre dio posibilidades de vida y se comprobó que de haberse estrellado en India, China, la Amazonia o África, la extinción no habría pasado. 

Pero no, el impacto en Chicxulub, Yucatán, fue catastrófico, como lo hubiera sido Siberia, Medio Oriente, la costa este de Estados Unidos y Canadá, lugares que hoy forman parte de ese 13 por ciento mortal.

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